Un Rascacielos y el horizonte de futuro que prefigura
Llevamos ya
cerca de una década de recorrido de un proyecto en el Puerto de Málaga que ha mantenido
encendidos debates entre promotores y diferentes organizaciones y colectivos
ciudadanos y académicos. Un rascacielos que no responde a una demanda
ciudadana, que rompe el skyline de la ciudad, que está en suelo público y, por
tanto, donde los ciudadanos deberían tener la posibilidad de proponer y debatir
alternativas. Actuaciones en los puertos que, como en otras ciudades se han
justificado en una supuesta apertura del puerto a la ciudad. Pero al fin, un
cambio de uso del suelo en el espacio portuario para el que hay que demostrar
un interés general, no demostrado hasta ahora y que tiene apariencia
especulativa a todos los efectos.
Esta controversia
sobre el rascacielos en el dique de levante del puerto de Málaga, tiene dos
elementos básicos sobre los que pivota la discusión: la protección de los
valores paisajísticos de Málaga, por un lado, y la defensa de los espacios públicos
ante la especulación.
A estos dos
elementos se incorporan muchos otros. Como los diseños urbanísticos y la capacidad
de intervenir en los mismos de la ciudadanía; una Declaración Ambiental
disparatada, cuya base argumental es el cambio de posición del observador
(mirar para otro lado); el siempre socorrido argumento de la creación de empleo
(precario y de corta duración) que conlleva destrucción de empleo portuario; la
escasa viabilidad del uso hotelero que se presume; la renuncia a prevenir y
reducir los impactos del cambio climático en un lugar tan expuesto; la grave
afectación a la movilidad en el centro de la ciudad etc…
Si abrimos
el foco sobre la planificación urbanística en general, no solo sobre el espacio
portuario, sino también sobre los planes municipales, podríamos decir, que esta
planificación debe orientarse hacia una idea del futuro que se quiere para la
ciudad. Y el que se planea con la construcción de este rascacielos de lujo,
fruto de la especulación con suelo público, sin transparencia, sin buscar el
interés común y sin consultar a la ciudadanía, no es una planificación
acertada. El proyecto no cumple la Agenda 21 Local, la Agenda Urbana 2030, o el
último PGOU de Málaga de 2011 que ahora se plantea modificar. Un hotel de gran
magnitud (45.000 m2, 35+3 plantas, de unos 150 m. de altura) que
evidentemente altera el paisaje urbano y portuario y que afecta a
características estructurales en el PGOU de la ciudad, no es lo que la ciudad
necesita.
Nos han
acostumbrado a una dinámica de alteraciones continuadas y significativas de los
Planes urbanísticos, sin que se justifiquen las modificaciones y el interés que
puedan tener en beneficio de la ciudad. El PGOU vigente (2011) establece que el
uso previsto para la Plataforma del Morro se limita a instalaciones portuarias
de servicio a cruceros, con edificaciones mínimas asociadas, sin contemplarse
ni avalarse la construcción de un rascacielos ni la implantación de un uso
hotelero no vinculado a actividades portuarias. El PGOU únicamente contemplaba
espacio libre de esparcimiento ciudadano y usos operativos portuarios. Es
decir, la alteración de uso, altura y edificabilidad constituye una modificación
que está pretendiendo crear un espacio de uso exclusivo para una élite que lo
pueda pagar y segregado de la ciudad.
Y estando la
situación así, el ayuntamiento anuncia que inicia la redacción del PGOM, un instrumento
que sustituirá al actual PGOU de 2011 y marcará el futuro urbanístico en
vivienda, movilidad y sostenibilidad. Según se anuncia el objetivo es definir
el modelo de ciudad y acelerar la cesión de suelo para vivienda. Una adaptación
a la Ley de Impulso para la Sostenibilidad de Territorio de Andalucía (LISTA)
que quiere planes mas ágiles, flexibles y con menos carga burocrática. Sobre
todo, mas suelo y mas rápido para vivienda. Mas ágil, mas flexible y con menos
carga burocrática implica menos precaución, menos prudencia y menos garantías.
Se debe
adaptar el planeamiento urbano a las condiciones reales que ya vivimos en esta
ciudad, con carencias graves en algunos distritos, de zonas verdes, de
mantenimiento de edificaciones, de adaptación a las alarmantes condiciones
climáticas que se seguirán produciendo y a una movilidad también adaptada que
intente solventar la saturación actual. Un planeamiento urbano que asuma los
objetivos de sostenibilidad y gobernanza participativa, transparente y
democrática; esos objetivos deben presidir los instrumentos de planificación.
Sin embargo, hemos visto como la apelación insistente al carácter sostenible
que se autoatribuyen los documentos de planificación urbanística respecto de
sus directrices y del horizonte de futuro que prefiguran, es pura retórica.
La
Plataforma Defendamos Nuestro Horizonte nació como respuesta ciudadana a una
propuesta especulativa proyectada al margen de la ciudadanía en el morro de
levante del Puerto de Málaga. Porque en
el diseño y en el modelo de ciudad, quienes la habitan han de tener un papel
indiscutible. Aunque cambien los ciclos políticos y económicos, las ciudades
deberían basar su dinámica orgánica en planificaciones que provean hojas de
ruta estables y consensuadas con los ciudadanos y ciudadanas que las habitan.
Cuando el espacio urbano no se planifica, los costos son mayores, el uso de los
recursos es ineficiente y su funcionalidad para las personas empeora.
El escenario
futuro de nuestra ciudad, -en realidad de todas las ciudades-, es una
combinación de incertidumbre y responsabilidad, por tanto, debería estar sujeto
a procedimientos de deliberación y legitimación colectiva.
En base a lo
que hemos aprendido del pasado y del presente de tantos pelotazos urbanísticos,
deberíamos orientar el diseño de ciudad a un futuro que la mejore y regenere
sus espacios urbanos. Buscar un espacio de reflexión ciudadana conjunta,
también de asesoramiento, llamando la atención sobre los potenciales efectos
asociados a distintas opciones, según cada alternativa futura elegida. Los pronósticos
más interesantes son aquellos que nos permiten anticiparnos a posibles
situaciones a evitar. Y en este caso, el potencial efecto del rascacielos en el
futuro perfil del horizonte malagueño no parece acertado.
El
proyectado rascacielos es una operación inmobiliaria en un marco de
arbitrariedad urbanística y bajo el criterio del corto plazo, provocando una
transferencia de las consecuencias y de los impactos, al futuro. Carece de un
diagnóstico honesto en aspectos decisivos como: la adecuación al frágil y
saturado entorno del puerto, el impacto visual y paisajístico, la medición de
su resiliencia a fenómenos meteorológicos cada vez mas frecuentes en el
litoral, las consecuencias esperables en tal lugar, del cambio climático y su
difícil prevención, o los efectos de la generación de residuos, emisión de
vertidos y deterioro de las aguas del puerto en un proyecto de tal calibre,
además de los problemas de movilidad que también generaría... En fin,
necesitamos una reflexión intensa al respecto. Y es que, la modificación del
Plan Especial del Puerto, apenas cumplió una función justificadora de
decisiones ya adoptadas. Sin embargo, sólo desde la disponibilidad de un
diagnóstico preciso, y no sujeto a modificaciones arbitrarias o coyunturales,
tanto respecto al Plan Especial del Puerto como del resto de documentos de
planificación de la ciudad, es posible ofrecer a los ciudadanos/as el análisis
que les permita definir y diseñar la ciudad en la que quieren vivir.
Del debate
suscitado por el rascacielos, se deduce la necesidad de reformar la política
urbanística, de manera que incluya una repolitización del futuro. El escenario
futuro es una combinación de incertidumbre y responsabilidad, por tanto, sujeto
a procedimientos de deliberación y legitimación colectiva. Ello sin duda
implica asumir esos cambios necesarios que abran el debate informado a la
ciudadanía. Todo lo que en el caso del rascacielos en zona portuaria no se ha
producido.
Carmen
Molina Cañadas
Publicado en el blog de Público, Ecologismo de Emergencia el 5 de febrero de 2026
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